Wikileaks: sociedad vigilada


Como se puso de manifiesto con la publicación de los 400.000 papeles referidos  a la guerra de Irak el pasado mes de octubre, Wikileaks representa un cambio sustancial en la política, la información y la relación de los gobiernos con los ciudadanos en el marco de “la sociedad transparente. Si cabía alguna duda, con la publicación de los cables enviados por las embajadas de los EEUU hemos asistido a su constatación.

Desde los años 80, y con más intensidad desde los atentados a las Torres Gemelas, el auge de la lucha global contra el terrorismo y la obsesión por la seguridad han provocado que las sociedades democráticas hayan ido reduciendo paulatinamente derechos fundamentales y la información ha sido uno de los más castigados. Por todo ello, la llegada de Wikileaks y su alianza con cinco de los periódicos más influyentes del mundo ha sido un soplo de aire fresco.

En plena reinvención y transformación de los medios de comunicación tradicionales, el denominado #cablegate representa un punto de inflexión, al menos para los cinco medios elegidos. Las filtraciones han venido a constatar, por si acaso alguno no lo tenía claro, el potencial de la Red como medio global y su capacidad de influencia; pero además, reivindica el papel del periodista como intérprete de la realidad.

Durante los últimos años y gracias a las nuevas tecnologías los poderes fácticos han conseguido un mayor control sobre la información y sobre los propios ciudadanos. Sin embargo, una vez más, los cambios que se están produciendo en la sociedad son sorprendentes y paradigmáticos. La otra cara de la moneda, en la que el cazador se convierte en presa, no gusta tanto.

El poder y el control, como argumenta Antoni Gutiérrez-Rubí, se ha basado hasta ahora en la centralización de la información, lo que le ha llevado a su propio colapso. El nuevo paradigma tecnológico, sustentado en la descentralización ha producido una gran perplejidad en los gobiernos, de ahí su airada reacción. Para ellos digerir la descentralización no resulta fácil, las acciones que han llevado a cabo asi lo ponen de manifiesto. Frente a los que ponen en entredicho la relevancia de la información, las reacciones y acciones llevadas a cabo por los gobiernos son la prueba del 9 de su importancia y trascendencia. Incluso ante los más cínicos o los mejor informados, los cables ponen de manifiesto la “desnudez del emperador”.

Las maniobras de los los gobiernos para inutilizar Wikileaks a través de acciones directas, como la detención de su fundador Julian Assange o indirectas, por medio de amenazas y presiones a las empresas como Amazon, PayPal o Mastercard que le han dado servicio hasta la fecha, hubieran sido letales en un mundo off-line y centralizado. En el mundo on-line, descentralizado y distribuido, han servido para que la información se distribuya a mayor velocidad si cabe. La página de Wikileaks ha sido replicada en más de 500 servidores diferentes, y ha provocado la movilización de millones de internautas en todo el mundo. A la espera de la evolución de los acontecimientos Wikileaks ha abierto la primera batalla verdaderamente global. Por contra, el mayor riesgo es que ésta pierda su impacto rápidamente. En Internet es difícil mantener la llama durante mucho tiempo y la capacidad de movilización y de tensión.

Wikileaks contradice la famosa cita de Bismarck, tan recordada en estos días por algunos políticos, que aseguraba que “los ciudadanos quieren comer salchichas pero no saber cómo se hacen”. Hoy una gran parte quiere saber cómo se hacen las salchichas para poder digerirlas. Sin embargo, para los gobiernos la persecución del mensajero sigue formando parte de una estrategia “centralizadora”: convertir el caso #Wikileaks en el caso #Assange.

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