La música se escucha en la nube

Parece que poco a poco empieza a aclararse el futuro de la industria de la música online, o, al menos, se percibe ya dónde se están posicionando los diferentes actores. No parece casual que tras años de intentos, rumores y desmentidos, en apenas unas semanas, los tres grandes de Internet han anunciado su apuesta por servicios de música basados en la nube. La economía de la nube ya está aquí y la música será uno de sus pilares. Mientras, los analistas no se aclaran si Google se convertirá en el nuevo mesías de la música online o finalmente, una vez más, Apple con iCloud se llevará el gato al agua. Lo cierto es que ya sabemos qué papel van a jugar. Las tres se perfilan como las plataformas tecnológicas que alojarán los contenidos de los usuarios para que estén disponibles en cualquier dispositivo, en cualquier momento y lugar.

Por su parte, las discográficas siguen todavía buscando un lugar entre las nubes,  aunque su papel se haya ido diluyendo año tras año. Parece que las majors de contenidos audiovisuales son más proactivas e innovadoras en el campo digital que sus homónimas musicales, que no han sabido aprovechar las oportunidades tecnológicas. Mientras unas apuestan por diversificar sus estrategias de cara a la convergencia digital, las discográficas globales se han refugiado casi en exclusiva en la gestión de derechos como casi único recurso. A estas alturas de la película deberían ser conscientes de que en el actual contexto de la música online los derechos digitales son condición necesaria, pero no suficiente, para su supervivencia futura. Por ello, las discográficas deberían estar satisfechas por todas las nuevas iniciativas que ofrecen soluciones y servicios orientados a complacer las necesidades que los usuarios de música online demandan. Si por el contrario, para mantener su cada vez más débil statu quo optan por el estrangulamiento de los nuevos modelos e iniciativas, su declive será irreversible.

Parece, por tanto, que las discográficas, poseedoras de los derechos, y las plataformas tecnológicas, encargadas de ofrecer servicios basados en la nube, están llamadas a entenderse. Pero existen más piezas en este complicado puzzle que también tienen que encajar para dar consistencia a los servicios que cubran las necesidades de los usuarios.  Si algo se ha puesto de manifiesto en los últimos tiempos es la necesidad de incorporar el “componente social” a cualquier servicio relacionado con la información y el entretenimiento. La música tiene un ámbito social incuestionable; se recomienda, se comparte, se disfruta en compañía, etc. El futuro éxito del ecosistema de la música en la nube dependerá, en gran medida, de servicios que sepan integrar el acceso ubicuo a los contenidos con “lo social”. Por esta razón, la alianza entre Spotify y Facebook se perfila como el comienzo de un larga y fructífera amistad.

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