La ciudadanía P2P vuelve a la Plaza

El martes por la mañana la policía desalojaba lo que quedaba de la #acampadasol. Una acción rápida, en plena canícula estival, que dejaba en apenas un par de horas la madrileña Puerta del Sol, limpia y reluciente. A lo largo de todo el día miles de mensajes en Twitter, al igual que sucedió el 16 de mayo, y que precisamente dio lugar a la acampada en la Puerta del Sol, convocaban a una concentración de repulsa contra el desalojo.

A media tarde la Plaza del Sol estaba tomada y las fuerzas del orden no dejaban pasar a nadie a su interior, las calles que desembocan en la Plaza se fueron llenando de indignados que iban concentrándose poco a poco. Transcurrido un buen rato, y cuando la situación parecía totalmente controlada por parte de la policía, un cambio imprevisto hizo que todos los manifestantes se dirigieran hacia la Plaza de Callao. Nuevos hashtag (del inglés hash, almohadilla y tag, etiqueta) como #vuelvealaplaza, #acampadaCallao, #nopararemos iban dando significado y forma a la “narrativa” de los acontecimientos.

Tradicionalmente, muchos gobiernos han aprovechado el mes de agosto, con la mayoría de los ciudadanos de vacaciones y los medios de comunicación a medio gas, para llevar a cabo acciones que tuvieran poca repercusión. Lo que en esta ocasión no parecía estar previsto es el efecto contrario que ha tenido. Asistimos a un cambio social de gran calado que parece que se les escapa a nuestros gobernantes. La nueva Ciudadanía P2P no se rige por los modelos que hasta ahora han sido válidos,  las redes no descansan en verano.

Frente a los manifestaciones tradicionales rígidas y programadas, los nuevos movimientos como el surgido entorno al 15m son fluidos. Las acciones se producen aparentemente de forma aleatoria, se separan para volverse a juntar unas calles más abajo, se adaptan rápidamente a las circunstancias, una nueva inteligencia de la multitud parece dirigir de forma invisible. El acceso a Twitter a través de los móviles sirve para distribuir los cambios de trayecto, las acciones a llevar a cabo, las consignas. Nada está programado, no hay líderes, lo que produce un mayor desconcierto, por su novedad, frente a cualquier movimiento conocido con anterioridad. Nos encontramos ante movimientos que se comportan de forma similar a la manera en que fluye la información en Internet, todos los participantes son nodos que forman parte de la red global.

Estamos ante un movimiento imprevisible, cuyos siguientes pasos nadie puede predecir y cuyas consecuencias son inciertas y que, sobre todo, tiene un fuerte apoyo popular. Según una reciente encuesta de IPSOS entre 6 y 8,5 millones de ciudadanos afirman haber participado, de alguna forma, activamente en el movimiento surgido a partir del #15m. Desde esa fecha nuestros políticos han tenido tiempo para intentar comprender lo que está sucediendo y aprender a diferenciar entre el marketing y la política2.0, pero son rehenes de su propia lógica y dinámica. Tienen una nueva oportunidad de aquí al #20N.

 

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